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Este blog esta diseñado por docentes en formación que se cuestionan cómo -y cuánto- determinan las expresiones culturales la configuración de nuestra identidad. Se presentan diversos recursos que pueden ser tratados en el aula en pos de fomentar una actitud crítica, consciente y fundamentada en los y las estudiantes. En el aula siempre existe un posicionamiento político, por ello es fundamental ser conscientes del mensaje que se transmite y dar espacios a la reflexión.

Guerra y deshumanización

Un aspecto interesante a presentar al aula en el contexto del respeto a los derechos humanos es, precisamente, la deshumanización de ciertos individuos. Este tema es recurrente en la historia, pero también en la actualidad que se pretenda separar a individuos o grupos de individuos “ellos”, presentándolos como distintos y separados de “nosotros”.

La Historia

En un sentido, la deshumanización se trata de un mecanismo psicológico que permite a quienes están enfrentados combatir. Para ponerlo con crudeza, cuando lo que se necesita es aniquilar a otra persona, la empatía es un problema y no una virtud para tal propósito. Reconocerse en ese que se quiere destruir hace más difícil llevarlo a cabo y de manera más o menos consiente se busca limitar su condición de ser humano.
Un ejemplo de ello es la conceptualización que hacían los partisanos que combatían contra la invasión nazi en Ucrania y que queda retratado en el libro “El comité regional clandestino actúa" de Alexei Fiódorov.

Para el guerrillero, el fascista era un ser sin alma. ¿Qué pensaba, con qué soñaba, cuáles eran sus convicciones? Nada de ello le interesa en absoluto. El aspecto exterior de los alemanes, su ropa, absolutamente todo, le producía repulsión. 

De lo que se trata es de despojar al enemigo de su dignidad inherente como ser humano, por eso el “fascista” carece al menos de algunas características humanas: el alma.

La actualidad

Lamentablemente, a veces se pretenden utilizar códigos propios de la guerra a nuestra realidad sin valorar adecuadamente las consecuencias. La guerra contra el narcotráfico o la guerra contra la delincuencia, tienden a repetir la idea de un enemigo al que se le coarta su dignidad. El encapuchado es siempre “otro”, no alguien que pueda ser uno de “nosotros”. Cuando hay protestas estudiantiles, existen los “infiltrados” (¿Infiltrados desde dónde? ¿Infiltrados por quién?), que nunca pueden ser estudiantes.
En la misma lógica, el escenario construido en la Araucanía genera las condiciones para explicar lo que ocurrió con el comunero Catrillanca. Por supuesto que existen responsabilidades individuales ineludibles, pero también la instalación de la idea de la guerra con el “comando jungla” y el numeroso despliegue de medios militares que lo acompaña, favorece la instalación de la lógica de la guerra y la justificación del asesinato. 
Cuando las primeras informaciones del caso fueron presentadas, la autoridad justificaban la acción de fuerza en los antecedentes penales de la víctima (que luego se demostraron falsos) y en su supuesta participación en un delito previo de robo.
El subtexto subyacente es que un “delincuente”, un “encapuchado” o un “violentista” no goza del mismo tipo de garantías y derechos que el resto de los ciudadanos, como si eso pusiera en cuestión su dignidad humana.

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