Al ingresar a la enseñanza media en el colegio Antilhue comencé a tener el ramo de filosofía, el cual tenía un profesor cuyo objetivo era formar sujetos críticos de su entorno, cuestionarse y juzgar argumentativamente según nuestras necesidades.
Gracias a ello, mis actitudes comenzaron a cambiar, además hay que considerar que estaba en la etapa del desarrollo adolescente donde una comienza a juzgar su ambiente familiar y preguntarse el “por qué” de las actitudes y cómo nos enfrentamos a problemas. En esta etapa existió un claro choque con los integrantes de mi círculo de socialización primaria, pues les molestaba mucho el que yo juzgara actitudes o comentarios que antes me parecían naturales.
La actitud que tomé, mis padres siempre se la adjudicaron al profesor de filosofía pues tenía un discurso muy claro y con tendencia a la crítica y reflexión. Un ejemplo de ello es; el pedir explicaciones respecto a los permisos negados, es decir, no conformarse con un “no puedes salir” si no que consultar siempre el “por qué” e intentar remediar la situación para poder conseguir lo que quería, por lo tanto, ya no tenía esa actitud “conformista” y sumisa a la primera respuesta de mis padres, lo que generó, en su mayoría, peleas y discusiones. Esto conlleva a una crisis en el desarrollo de mi personalidad, una tensión que llegaba a frustrarme, ya que no entendía por qué mi zona primaria de socialización ponía en jaque lo que consideraba justo.
En esos días de cambios, organizamos una reunión en familia para ver la película Machuca que trata de como los niños protagonistas, pertenecientes a dos clases sociales diferentes, viven el golpe militar de estado en 1973. Recuerdo muy bien lo entusiasmado que parecía mi padre contándonos –a mi hermano y a mí– historias vividas en su niñez en ese tiempo, que mencionaba tan duro y difícil. Recuerdo haber cuestionado lo conforme que parecía con su actuar de esa época, opiné que si una persona está en desacuerdo con algo debiera enfrentarse a ello y no conformarse, pues al hacerlo, comenzaba a naturalizar ciertas actitudes y pareciera convencerse de ciertas prácticas. Comentario que causa revuelo en ese tiempo de cambios, ya que precisamente era la conformidad con lo que yo estaba en desacuerdo.
Siempre las situaciones relacionadas a la comodidad en la que han vivido mis padres durante la época desde 1973 hasta nuestros días ha sido tema de discusión, pues no tolero discursos con falta de actuar. Aunque mamá y papá defienden la idea de que había que vivirlo para poder opinar sobre los hechos, yo estoy en desacuerdo y lucho por mantener presente la historia aunque eso ocasione daño en el sentir de mi familia.
En el año 2011, en mi hogar se vivieron discusiones constantes nuevamente por el mismo tema de la conformidad y comodidad, ya que participé activamente de la toma de mi colegio a favor de una educación digna y de calidad para la sociedad chilena. La idea de mi participación en estas instancias, a mi padre le parecía innecesaria. Él mencionaba que apoyaba todas las causas del movimiento estudiantil, pero que a mí no me hacía falta nada, por lo que no era primordial mi participación en el movimiento. Razón por la cual discutimos largamente, hasta hubo un tiempo que parecía no vivir en la casa, ya que con lo enojada que estaba me quedaba todos los días en el colegio en toma y no veía a mi familia.
En este tiempo, fueron de mucha compañía algunos grupos musicales que resonaban en mí. Sus letras que parecían escritas para el momento que estaba viviendo y sentía que aquellas letras tenían algo que podían explicar e interpretar todo lo que yo estaba sintiendo en ese entonces. Alguno de los grupos que seguía era Calle 13, sobre todo con su canción Latinoamerica y La Perla. Los Bunkers, Ana Tijoux y tantos otros.
Sin ganas de seguir discutiendo hablé con mi mamá que parecía comprender más la situación y se ponía en mi lugar, di los argumentos que a mi parecer eran justos y válidos. Ella sólo me aconsejó y advirtió que no me apasionara tanto que generalmente se terminaba con mucha frustración luego de la participación tan activa y en colaboración con el colectivo.
Pasado el tiempo, logro asociar estos cambios con mi desarrollo adolescente ya que en esta etapa se juzga el mundo de socialización primaria. Estas características eran extrañas en mí, pues en la familia jamás se había visto que se discutiera una decisión ya tomada por los padres. Las peleas y discusiones generadas por estas situaciones provocan una tensión constante en esta etapa, pues cuestionaba demasiado el criterio de mis padres.
Gracias a ello, mis actitudes comenzaron a cambiar, además hay que considerar que estaba en la etapa del desarrollo adolescente donde una comienza a juzgar su ambiente familiar y preguntarse el “por qué” de las actitudes y cómo nos enfrentamos a problemas. En esta etapa existió un claro choque con los integrantes de mi círculo de socialización primaria, pues les molestaba mucho el que yo juzgara actitudes o comentarios que antes me parecían naturales.
La actitud que tomé, mis padres siempre se la adjudicaron al profesor de filosofía pues tenía un discurso muy claro y con tendencia a la crítica y reflexión. Un ejemplo de ello es; el pedir explicaciones respecto a los permisos negados, es decir, no conformarse con un “no puedes salir” si no que consultar siempre el “por qué” e intentar remediar la situación para poder conseguir lo que quería, por lo tanto, ya no tenía esa actitud “conformista” y sumisa a la primera respuesta de mis padres, lo que generó, en su mayoría, peleas y discusiones. Esto conlleva a una crisis en el desarrollo de mi personalidad, una tensión que llegaba a frustrarme, ya que no entendía por qué mi zona primaria de socialización ponía en jaque lo que consideraba justo.
En esos días de cambios, organizamos una reunión en familia para ver la película Machuca que trata de como los niños protagonistas, pertenecientes a dos clases sociales diferentes, viven el golpe militar de estado en 1973. Recuerdo muy bien lo entusiasmado que parecía mi padre contándonos –a mi hermano y a mí– historias vividas en su niñez en ese tiempo, que mencionaba tan duro y difícil. Recuerdo haber cuestionado lo conforme que parecía con su actuar de esa época, opiné que si una persona está en desacuerdo con algo debiera enfrentarse a ello y no conformarse, pues al hacerlo, comenzaba a naturalizar ciertas actitudes y pareciera convencerse de ciertas prácticas. Comentario que causa revuelo en ese tiempo de cambios, ya que precisamente era la conformidad con lo que yo estaba en desacuerdo.
Siempre las situaciones relacionadas a la comodidad en la que han vivido mis padres durante la época desde 1973 hasta nuestros días ha sido tema de discusión, pues no tolero discursos con falta de actuar. Aunque mamá y papá defienden la idea de que había que vivirlo para poder opinar sobre los hechos, yo estoy en desacuerdo y lucho por mantener presente la historia aunque eso ocasione daño en el sentir de mi familia.
En el año 2011, en mi hogar se vivieron discusiones constantes nuevamente por el mismo tema de la conformidad y comodidad, ya que participé activamente de la toma de mi colegio a favor de una educación digna y de calidad para la sociedad chilena. La idea de mi participación en estas instancias, a mi padre le parecía innecesaria. Él mencionaba que apoyaba todas las causas del movimiento estudiantil, pero que a mí no me hacía falta nada, por lo que no era primordial mi participación en el movimiento. Razón por la cual discutimos largamente, hasta hubo un tiempo que parecía no vivir en la casa, ya que con lo enojada que estaba me quedaba todos los días en el colegio en toma y no veía a mi familia.
En este tiempo, fueron de mucha compañía algunos grupos musicales que resonaban en mí. Sus letras que parecían escritas para el momento que estaba viviendo y sentía que aquellas letras tenían algo que podían explicar e interpretar todo lo que yo estaba sintiendo en ese entonces. Alguno de los grupos que seguía era Calle 13, sobre todo con su canción Latinoamerica y La Perla. Los Bunkers, Ana Tijoux y tantos otros.
Sin ganas de seguir discutiendo hablé con mi mamá que parecía comprender más la situación y se ponía en mi lugar, di los argumentos que a mi parecer eran justos y válidos. Ella sólo me aconsejó y advirtió que no me apasionara tanto que generalmente se terminaba con mucha frustración luego de la participación tan activa y en colaboración con el colectivo.
Pasado el tiempo, logro asociar estos cambios con mi desarrollo adolescente ya que en esta etapa se juzga el mundo de socialización primaria. Estas características eran extrañas en mí, pues en la familia jamás se había visto que se discutiera una decisión ya tomada por los padres. Las peleas y discusiones generadas por estas situaciones provocan una tensión constante en esta etapa, pues cuestionaba demasiado el criterio de mis padres.
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